Economía. Julio 16 de 2018 – 8:40 p.m.

‘Me inquieta el nivel de deuda mundial’

El economista italiano Claudio Borio dice que ese fue el problema que disparó la crisis de 2008.

Claudio Borio, economista del Departamento Económico y Monetario del BPI. Cortesía

 

El economista italiano Claudio Borio es considerado una verdadera autoridad en temas de política monetaria, banca, finanzas y estabilidad financiera.

Vinculado al Banco de Pagos Internacionales donde encabeza el Departamento Económico y Monetario, estuvo la semana pasada en Colombia en un seminario organizado por el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR). Allí habló en exclusiva con Portafolio.

El economista italiano Claudio Borio es considerado una verdadera autoridad en temas de política monetaria, banca, finanzas y estabilidad financiera.

Vinculado al Banco de Pagos Internacionales donde encabeza el Departamento Económico y Monetario, estuvo la semana pasada en Colombia en un seminario organizado por el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR). Allí habló en exclusiva con Portafolio.

¿Cuál es su opinión sobre la marcha de la economía mundial?

En el corto plazo, de aquí a un año, el pronóstico es favorable a pesar del arranque suave que vimos al comienzo de 2018. No obstante, debo mencionar algunas particularidades. La primera es que es muy inusual observar un empuje tan fuerte como el actual después de que el ciclo expansivo lleva un buen tiempo de duración, al tiempo que la inflación está bajo control. La segunda es que estamos viendo presiones proteccionistas. La tercera es que los mercados financieros se han expandido mucho. Pero tal vez la mayor inquietud es que los niveles de deuda como proporción de la economía mundial continúan creciendo.

¿Y por qué le preocupa eso?

Porque ese fue el problema que disparó la crisis de 2008 y el campo para reaccionar es más limitado ahora que entonces. Tanto desde el punto de vista de la política monetaria como fiscal, el margen de maniobra es mucho más pequeño.

¿Es diferente esta vez?

Depende de lo que quiere decir la palabra “diferente”. De un lado las tensiones son muy parecidas y no van a cambiar. Por supuesto, siempre habrá desafíos y recesiones. No obstante, muchas economías emergentes están mejor preparadas ahora porque cuentan con una buena posición de reservas internacionales y dejan que su tasa de cambio flote más libremente. Otra cosa que ha cambiado es que los bancos se replegaron y los más expuestos ahora son los mercados de capitales. Si hay dificultades se van a ver más en el sector de manejo de activos financieros.

A la luz de esas alertas, ¿le preocupa que el nivel de regulación sea menor ahora, como ocurre en Estados Unidos?

Hay ciclos financieros, económicos y regulatorios y creo que estamos cerca del pico de este último. El desafío consiste en no perder lo avanzado hasta ahora, porque las presiones para desmontar parte de lo hecho son evidentes. Dicho esto, en el caso específico de los Estados Unidos los requisitos regulatorios eran más elevados que aquellos convenidos a nivel internacional (gold plating).

¿Cómo ve las economías emergentes?

Pienso que los riesgos que estas afrontan no son fundamentalmente diferentes de los de algunas economías industrializadas, porque las presiones son similares. La diferencia radica en que hay más vulnerabilidad, porque están más expuestas a los flujos de capital internacionales, especialmente en dólares. En el reporte económico anual que publicamos, mencionamos temas que merecen atención: que haya menos espacio para colocaciones de bonos si la inflación en las naciones ricas sube por sorpresa, algo que por ahora no se ve; que los inversionistas busquen más seguridad por cuestiones de riesgo político o económico y muevan su dinero a títulos en Alemania o Estados Unidos; que el dólar continúe subiendo; y además está el peligro del proteccionismo si esta guerra comercial sigue, lo que podría derivar en una guerra de monedas.

¿Cómo sería esa última?

Podría darse una situación en la que un país comience a subir aranceles, lo cual hace que se devalúe la moneda de la nación que salga afectada por esas sanciones a causa de la presión de los mercados. Como eso haría menos efectiva la barrera comercial, es posible que se comience a hablar de manipulación de tasas de cambio, lo que daría lugar a otras medidas y a una especie de círculo vicioso.

Los economistas hablan de la necesidad de contar con medidas macroprudenciales en las diferentes economías. ¿A quién le corresponde ese papel?

Lo primero es que esas medidas son necesarias cuando se detecta un aumento en las vulnerabilidades de una economía determinada. Ahora bien, la experiencia muestra que estas disposiciones son más efectivas a la hora de fortalecer los sistemas financieros que de impedir fenómenos como el aumento del crédito o de los precios de ciertos activos. La vivienda, por ejemplo. En resumen, hay que usarlas junto con otros instrumentos. Por lo que concierne la gobernanza, no hay una única solución que le sirva a todo el mundo. Lo más popular es un comité en el que participan diferentes agencias gubernamentales.  Es claro que los bancos centrales tienen un papel que jugar, porque saben mucho del tema.

¿Cómo hacer para manejar la situación fiscal en un mundo que se mueve hacia tasas de impuestos más bajas, como hizo EE. UU.?

Este desafío de mejorar las cuentas fiscales existe para las diferentes economías, sean desarrolladas o no.

Aquí vale la pena tener en cuenta que desequilibrios financieros como fuertes aumentos del crédito o del valor de los activos ocultan problemas fiscales. En Irlanda o España eso sucedió en los años precedentes a la crisis. Dicho esto, el ejemplo que están dando algunas economías desarrolladas con respecto a los impuestos no es el apropiado.

¿Le preocupan más las economías emergentes o las desarrolladas?

Creo que las primeras van a estar en la primera línea de los acontecimientos. Si uno da un paso atrás y mira la crisis de 2008, concluye que hubo países afectados directamente y otros no. En los primeros, el sector privado bajó sus niveles de deuda privada.

En los segundos, siguieron aumentando las tensiones, entre otras razones porque siguieron llegando capitales en forma importante. Ahora lo que vemos es que los niveles de deuda en dólares de los sectores no bancarios en las economías emergentes se duplicaron. Algunas cuentan con seguros, pero el riesgo es evidente.

¿Quiere decir eso que no aprendimos la lección de la crisis financiera de hace diez años?

Algunas lecciones sí se aprendieron, sobre todo desde el punto de vista de la regulación financiera. Pero otras se ignoraron, como la importancia de las políticas estructurales, que es la única manera de conseguir un crecimiento sostenido. Uno de los problemas que enfrentamos hoy es el resultado de que las respuestas que se le dieron a la crisis no fueron equilibradas: se hizo poco en el lado estructural y fiscal y mucho en el lado de la política monetaria de los bancos centrales, que asumieron una cuota demasiado grande del problema. Estos pusieron los cimientos de la recuperación, pero crearon vulnerabilidades derivadas de tasas de interés muy bajas.

En comparación con un año atrás ¿está más o menos preocupado?

Más preocupado, cuando miro el futuro.

2018-07-17T17:02:28+00:00 julio 17, 2018|
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